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- Gualeguay . Entre Ríos.
   

LA NOTA DE LA SEMANA

Las dos caras de la moneda y las distintas miradas o interpretaciones, más allá de la realidad que echa por tierra la errónea estrategia neoliberal y de los mercados financieros internacionales que llevó a las potencias económicas de la tierra a un descalabro sin precedentes en tiempos de paz.
Las dos caras de la moneda

 El influyente Washington Post calificó a la Argentina como "paria de los mercados financieros" el mismo día en que el presidente Barack Obama le proponía a su par francés, Nicolás Sarkozy, seguir el ejemplo de Cristina Fernández de Kirchner, quién había logrado su reelección con un apoyo que despierta envidia en la Casa Blanca y el Eliseo.
 En ese sentido, el diario norteamericano le aconsejó a Grecia que no siguiera el camino de la Argentina (el default), ante los problemas que enfrenta con su deuda de 350.000 millones de dólares.
 En realidad, el rotativo norteamericano no hacía más que expresar los intereses financieros internacionales que claman por un ajuste similar al que los argentinos soportaron durante 28 años y que se compone de recortes, achiques, privatizaciones, despidos de empleados públicos, flexibilización de normas laborales, rebaja de salarios y desregulaciones de la economía. La misma receta que hoy siguen pregonando para  “salvar” a Europa.
  La estrategia de que el pato lo pague el pueblo helénico en vez de los banqueros, es la opuesta a la seguida por Argentina a partir del 2003, cuando enfrentó la crisis que había llevado al default con medidas expansivas y una política de desendeudamiento externo que redujo drásticamente el peso de la hipoteca.
 Las apreciaciones del Post sobre la Argentina son claramente interesadas, porque cualquiera -más a ese nivel- puede constatar que al pueblo argentino le va mejor con la apuesta al crecimiento y al desendeudamiento aplicada por el kircherismo tras el default, que cuando pagaba puntillosamente la deuda con sangre, sudor y lágrimas.
 Sería más preciso que el Post dijera que la Argentina es un mal ejemplo para los banqueros que quieren cobrar la deuda griega, pero no para su castigado pueblo.
  No pocos economistas de prestigio internacional, como el Premio Nobel Joseph Stiglitz, advierten sobre el crecimiento económico registrado en la Argentina luego del default del 2001.
 Desde entonces, el Producto Bruto Interno (PBI) creció alrededor de un 90 por ciento, el desempleo se redujo del 24 al 7 por ciento, disminuyó la pobreza, aumentó el consumo, las reservas alcanzaron niveles record y, encima, el gobierno de Néstor Kirchner canceló su deuda con el FMI y realizó una exitosa renegociación que consiguió las mayores quitas del mercado mundial.
 Cuando esto sucede en nuestro país, la crisis de la deuda alcanza el corazón de Europa. La tasa de interés que Italia y España han debido pagar estos días para colocar sus títulos de deuda pública ha colocado a ambos países al borde del rescate por parte de la Eurozona, al tiempo que la desconfianza de los mercados ha llegado ya a Francia, Bélgica y Austria.
  Se trata del corazón de la Eurozona. La crisis de la deuda soberana europea ya no es, claramente, un problema de la periferia del Viejo Continente. En realidad, no lo ha sido nunca desde su inicio en Grecia, pero ahora ya resulta innegable que Francia y Alemania están en la antesala de ingresar en el “club de los parias”.
  La sistemática caída de las Bolsas a lo largo de la semana que acaba de culminar, así como las dificultades cada vez mayores de Italia y España para colocar sus emisiones de deuda, sumado todo esto a la desconfianza rotunda, interna y externa, que despiertan los “gobiernos técnicos” de Grecia e Italia, trazan un derrotero difícilmente reversible en Europa.

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